La Vigilia de Pentecostés nos recuerda que sólo el Espíritu Santo puede sanar nuestras Babeles interiores: orgullo, confusión, división y autosuficiencia.
Frente al deseo humano de “hacerse un nombre”, Dios nos regala una identidad nueva como hijos amados y miembros de un solo pueblo. San Pablo nos consuela al decir que el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad e intercede por nosotros cuando no sabemos orar. Jesús se presenta como la fuente viva: quien tiene sed puede venir a Él y recibir el agua del Espíritu que transforma el corazón y lo convierte en fuente para otros.
Para orar:
¿Qué sed profunda necesito presentar hoy a Cristo para que el Espíritu Santo la transforme en vida, comunión y misión?
Oración
Ven, Espíritu Santo,
desciende sobre nuestra pobreza
y sana nuestras divisiones.
Ven sobre nuestras Babeles interiores,
sobre nuestros orgullos, miedos,
confusiones y cansancios.
Tú que intercedes por nosotros
con gemidos inefables,
enséñanos a orar
cuando nos faltan palabras.
Condúcenos a Cristo,
fuente de agua viva,
y haz brotar en nosotros
ríos de fe, esperanza y amor.
Que, como María en el Cenáculo,
sepamos esperar con humildad,
acoger tu fuego
y vivir como Iglesia unida,
alegre y misionera.
Amén.
