Sábado de la 7ª semana de Pascua

La palabra nos invita a reconocer que el Evangelio permanece vivo incluso cuando nuestras circunstancias parecen limitarnos. Pablo, prisionero en Roma, sigue anunciando el Reino con libertad interior, mostrando que la Palabra de Dios nunca queda encadenada. El Evangelio nos recuerda la llamada personal de Jesús: “Tú sígueme”, sin compararnos con el camino de otros. Cada vocación tiene su modo propio de testimoniar a Cristo: caminando, permaneciendo, hablando, orando o sirviendo en silencio.

Para orar:
¿Estoy siguiendo a Cristo con fidelidad en el lugar concreto donde Él me ha puesto, sin compararme y confiando en la fuerza del Espíritu?

Oración

Señor Jesús,
Tú me llamas a seguirte
en mi camino concreto,
con mis límites, dones
y circunstancias.

Dame la libertad interior de Pablo,
la fidelidad de Pedro
y el corazón contemplativo de Juan.

Haz que mi vida sea testimonio sencillo
de tu Reino,
también cuando tenga que permanecer,
esperar o servir en silencio.

María, Madre del Cenáculo,
enséñame a aguardar al Espíritu Santo
con fe, humildad y esperanza,
para ser testigo fiel de Cristo resucitado.

Amén.