La Palabra de hoy nos recuerda que la fe cristiana no puede quedarse encerrada: nace de la escucha de la voz de Jesús y se convierte en anuncio para todos.
Los discípulos, incluso en medio de la persecución, llevaron el Evangelio a nuevos pueblos, mostrando que Dios abre caminos donde parece haber dificultades.
Ser llamados “cristianos” significa que nuestra vida debe transparentar a Cristo en palabras, gestos y decisiones.
Jesús, el Buen Pastor, nos conoce, nos sostiene y nos asegura que nadie podrá arrebatarnos de sus manos.
Por eso, vivir la Pascua es confiar, escuchar y dejarnos enviar.
Pregunta para la oración:
¿Se nota en mi vida diaria que pertenezco a Cristo y que escucho su voz?
Oración final:
Señor Jesús, Buen Pastor, enséñame a escuchar tu voz en medio de tantas voces. Haz que mi vida refleje tu amor, mi fe sea valiente y mi corazón esté siempre dispuesto a anunciar tu Evangelio. Sostenme en tus manos y no permitas que me aparte de ti. Amén.
