La Palabra de Dios nos recuerda que Dios siempre va por delante, abriendo caminos donde nosotros vemos límites y derramando su Espíritu sobre quienes quizá no esperábamos. Pedro nos enseña una actitud humilde y creyente: reconocer la obra de Dios y dejar de resistirnos a ella. El salmo expresa la sed profunda del alma, que sólo encuentra descanso cuando se acerca al Dios vivo, al Dios de su alegría. Y el Evangelio nos presenta a Cristo como la puerta abierta hacia la vida abundante, la libertad y la comunión.
¿En qué parte de mi vida necesito decir con humildad: “Señor, ¿quién soy yo para oponerme a lo que Tú quieres hacer?
Oración
Señor Jesús,
Tú eres la puerta abierta hacia la vida verdadera,
el Pastor que nos llama por nuestro nombre
y nos conduce al Dios de nuestra alegría.
Danos un corazón humilde como el de Pedro,
capaz de reconocer tu obra
también allí donde nuestros ojos dudan
y nuestras seguridades se resisten.
Envía sobre nosotros tu luz y tu verdad,
para que guíen nuestros pasos
y nos conduzcan hasta Ti,
fuente de vida, de comunión y de esperanza.
Despierta en nuestra alma la sed del Dios vivo;
ensancha nuestro corazón,
rompe nuestros prejuicios,
abre nuestras puertas cerradas
y haznos dóciles al soplo del Espíritu Santo.
Que nunca nos opongamos a lo que Tú quieres realizar,
sino que aprendamos a colaborar con tu gracia,
acogiendo a todos como hermanos
y caminando juntos hacia la vida abundante.
Amén.
