Jueves de la XXII semana del T.O. Memoria de san Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia

Hay una frase de Jesús que puede centrar hoy nuestra reflexión: «Rema mar adentro y echad vuestras redes para la pesca».

Pedro escucha estas palabras después de una noche de fracaso: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada». Es un pescador experimentado. Conoce el lago, sabe cuándo se pesca y ha comprobado que aquella noche las redes han vuelto vacías. Sin embargo, añade una expresión que cambia completamente la escena: «Pero, por tu palabra, echaré las redes».

Ahí comienza la fe de Pedro. Jesús entra precisamente en el lugar de su cansancio y le pide que vuelva a intentarlo apoyándose en su palabra.

También nosotros conocemos las redes vacías. Hay momentos en los que después de trabajar, insistir, acompañar o rezar durante mucho tiempo podemos preguntarnos qué hemos conseguido. Esto ocurre también en la vida de la Iglesia. Sembramos y los frutos parecen escasos; intentamos transmitir la fe y encontramos indiferencia; ponemos ilusión en determinadas tareas y la respuesta queda lejos de lo esperado.

El Evangelio nos enseña a introducir en esas situaciones una expresión decisiva: «Por tu palabra». Pedro vuelve a echar las redes porque se fía de Cristo.

La primera lectura ayuda a profundizar todavía más. San Pablo dice: «Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio». Pedro tiene que dejar por un momento su experiencia de pescador y aceptar una palabra que supera sus cálculos. La sabiduría cristiana comienza muchas veces cuando dejamos espacio para que Dios pueda conducirnos más allá de nuestras seguridades.

Y entonces llega la pesca abundante.

La reacción de Pedro resulta sorprendente. Ante el milagro, cae a los pies de Jesús y dice: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Cuanto más descubre quién es Jesús, mejor comprende también quién es él. La experiencia de Dios produce humildad.

Jesús responde: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres».

Pedro acaba de reconocer su pobreza y precisamente ahí recibe una misión. Dios conoce la fragilidad de aquellos a quienes llama y trabaja con ella. La fecundidad de la misión dependerá siempre de aquella primera experiencia: «Por tu palabra echaré las redes».

Hoy celebramos a san Gregorio Magno, y su vida refleja admirablemente este Evangelio. Gregorio deseaba una existencia retirada, dedicada a la oración y a la vida monástica. Sin embargo, la Iglesia lo llamó al ministerio pastoral y finalmente a la sede de Pedro. Aceptó una responsabilidad inmensa en una época especialmente difícil y entendió su ministerio como servicio. De ahí uno de los títulos vinculados para siempre al ministerio del Papa: «siervo de los siervos de Dios».

Gregorio comprendió que el pastor pertenece a Cristo y que la Iglesia pertenece a Cristo. Esto enlaza perfectamente con san Pablo: «Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios».

Para quienes tenemos alguna responsabilidad pastoral, esta Palabra resulta especialmente saludable. Podemos trabajar mucho y terminar pensando demasiado en nuestras redes, nuestros proyectos o nuestros resultados. El Evangelio devuelve la mirada al lugar adecuado: la fecundidad nace de la obediencia a la Palabra.

«Rema mar adentro». Tal vez el Señor nos pida hoy volver a echar alguna red que habíamos dado por inútil, recuperar una esperanza, perseverar en una tarea o confiarle de nuevo aquello cuyo fruto todavía no vemos.

Y hacerlo con la sencillez de Pedro: «Señor, por tu palabra, echaré las redes». Esa confianza hizo de un pescador de Galilea un apóstol. Esa misma confianza sostuvo el ministerio de san Gregorio Magno. Y esa confianza puede seguir haciendo fecunda nuestra vida.