Jueves de la 4º semana de Pascua

La palabra de Dios nos ayuda a mirar nuestra historia como un camino acompañado por la misericordia de Dios. En Jesús, descendiente de David, se cumplen las promesas y se nos revela que Dios permanece fiel incluso en medio de nuestras fragilidades. El Evangelio nos recuerda que el discípulo está llamado a vivir como enviado, con el estilo humilde del servicio. La verdadera alegría cristiana nace cuando la fe se convierte en gestos concretos de amor, entrega y cercanía.

Para orar: ¿A quién me envía hoy el Señor para servir con humildad y hacer visible su misericordia?

Oración final

Señor Jesús,
Salvador prometido por el Padre,
te damos gracias porque tu misericordia
acompaña nuestra historia
y sostiene nuestra vida.

Enséñanos a reconocer tu fidelidad
en cada paso del camino,
también en nuestras fragilidades,
cansancios y pobrezas.

Haznos discípulos humildes,
capaces de servir sin buscar reconocimiento,
de lavar los pies con amor concreto
y de llevar tu presencia
a quienes necesitan consuelo y esperanza.

Que nuestra vida cante eternamente
tus misericordias, Señor,
y que, enviados por Ti,
seamos instrumentos de paz,
alegría y fraternidad.

Amén.