La Ascensión del Señor nos recuerda que Cristo no se aleja de nuestra vida, sino que inaugura una presencia nueva, más profunda y cotidiana.
Su promesa —“Yo estoy con vosotros todos los días”— ilumina especialmente la vida religiosa vivida en la fidelidad sencilla de cada jornada.
La rutina de la comunidad puede convertirse en lugar pascual cuando se vive como espacio habitado por Cristo. La misión no siempre pasa por grandes obras, sino por una presencia alegre, orante, fraterna y humilde que transparenta a Dios.
Para orar: ¿Estoy descubriendo la presencia de Cristo en lo cotidiano de mi vida, o necesito pedir ojos nuevos para reconocerlo y vivir con más alegría mi misión?
Oración
Señor Jesús,
que asciendes al Padre
y permaneces con nosotros todos los días,
abre nuestros ojos para reconocerte
en la sencillez de lo cotidiano.
Haz que nuestra vida diaria,
con sus gestos humildes,
sus tareas repetidas,
sus silencios y encuentros,
sea lugar de tu presencia.
Renueva en nosotros la alegría de servir,
de orar, de convivir
y de permanecer fieles
allí donde Tú nos has puesto.
Que no vivamos mirando al cielo con nostalgia,
sino caminando en la tierra con esperanza,
seguros de que Tú estás con nosotros
hasta el fin del mundo.
Amén.
