Homilía – sábado de la III Semana de Pascua.
Queridos hermanos:
La Palabra de hoy nos ofrece tres claves muy concretas para la vida cristiana: humildad, confianza y misión como un camino real para vivir la fe en medio de la vida.
San Pedro comienza con una invitación directa: “Revestíos de humildad.”
La humildad es vivir en la verdad: reconocer que no somos autosuficientes, que necesitamos a Dios y a los demás. El humilde, reconoce lo que es, lo que no es, lo que necesita. Por eso puede abrirse, puede aprender, puede acoger.
San Pedro, añade de algo profundamente consolador: “Descargad en Él todo vuestro agobio, porque Él cuida de vosotros”. Aquí está el corazón de la humildad cristiana: no cargar solos con la vida.
Vivimos muchas veces tensos, preocupados, intentando sostenerlo todo. Y la Palabra nos dice hoy: puedes soltar, puedes confiar, porque Dios cuida de ti.
Pero esta confianza no es ingenua. San Pedro es realista: “Vuestro adversario ronda como león rugiente” Es decir, la vida es también combate. Hay fuerzas que desgastan, que confunden, que enfrían la fe. Por eso la llamada es clara: “Resistid firmes en la fe” Se trata de no dejar de apoyarse en Dios.
Y el Evangelio nos abre el horizonte. Jesús envía: “Id al mundo entero”. La fe es una vida que se comunica. Y lo más hermoso es esto: “El Señor cooperaba con ellos” No van solos. No dependen solo de sus fuerzas. Dios actúa con ellos, en ellos, a través de ellos.
Los signos que aparecen —curaciones, liberación, vida nueva— no son espectáculo. Son expresión su presencia: cuando Cristo está, la vida se sana, se libera, se levanta.
Queridos hermanos, hoy la Palabra nos sitúa en algo muy concreto.
Humildad: para no vivir encerrados en nosotros mismos. Confianza: para no cargar solos con la vida. Misión: para no guardar la fe como algo privado.
Y todo unido por una certeza: Dios cuida de nosotros y camina con nosotros.
Pidamos la gracia de un corazón humilde, confiado y disponible. Y que, en medio de lo cotidiano, podamos vivir sabiendo que el Señor no nos deja solos: nos sostiene… y cuenta con nosotros. Amén.
