Hay momentos en los que la vida se fragmenta: planes que se rompen, caminos que cambian, situaciones que no esperábamos. Y, sin embargo, ahí mismo puede estar abriéndose algo nuevo. La fe no elimina la incertidumbre, pero permite descubrir que Dios sigue actuando incluso en lo que no entendemos. No todo lo que se rompe está perdido; a veces es el inicio de un camino distinto. Confiar en Cristo como pan de vida es apoyarse en Aquel que sostiene incluso lo que parece disperso.
¿En qué situación concreta de mi vida necesito hoy confiar en que Dios sigue actuando, aunque no lo comprenda?
