DESCUBRIR DÓNDE

Homilía – jueves de la III Semana de Pascua

La Palabra de Dios hoy desemboca en una experiencia concreta: el encuentro con Cristo que se hace vida.

En los Hechos de los Apóstoles aparece un personaje fascinante: un etíope, extranjero, buscador de Dios. Ha ido a Jerusalén a adorar, pero regresa con una inquietud en el corazón. Lee la Escritura pero no entiende: “¿Cómo voy a entender si nadie me guía?” ¿Cuántas personas hoy están como este etíope? Buscando, leyendo, preguntándose, pero sin alguien que les anuncie a Cristo.

El protagonista oculto del relato es el Espíritu Santo: envía a Felipe, le dice que se acerque, provoca el encuentro. Nada es casual. Felipe no crea la fe del etíope; simplemente entra en una obra que Dios ya había comenzado. Esto cambia nuestra mirada pastoral: no vamos a “llevar a Dios”, vamos a descubrir dónde Dios ya está actuando

El etíope pasa de la confusión a la comprensión; y de la comprensión a la decisión: “¿Qué impide que me bautice?”

Cuando alguien encuentra de verdad a Cristo, no se queda indiferente, la fe pide respuesta, pide un paso, pide conversión.

El etíope es bautizado y sucede algo hermoso, “Siguió su camino lleno de alegría.” La señal de que uno ha encontrado a Cristo no es la teoría, es la alegría:, es la paz interior, es el sentido de vida, es la certeza de ser amado

Y aquí el Evangelio nos lleva más lejos aún. Jesús revela el culmen del encuentro con Él: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre” El etíope recibió el Bautismo. Nosotros hemos recibido además, un don inmenso: la Eucaristía

Jesús dice algo muy profundo: “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre” La fe es esfuerzo humano y es gracia. Es atracción. Es llamada. Pero también exige disponibilidad, como Felipe, obediente al Espíritu; como el etíope, humilde para dejarse guiar.

El etíope siguió su camino lleno de alegría porque encontró a Cristo. Nosotros hoy tenemos algo aún mayor: Cristo que se nos da como Pan de Vida. No desaprovechemos este don. Dejémonos atraer, alimentar y transformar.

Pidamos hoy una gracia muy concreta: la de un corazón que busca de verdad, la de una humildad que se deja guiar, la de una fe que reconoce a Cristo como pan de vida. Y que, como el etíope, también nosotros podamos seguir nuestro camino, el de cada día, el de lo cotidiano.