YO SOY EL PAN DE VIDA

Homilía – martes de la III Semana de Pascua

Queridos hermanos:

Hoy la palabra de Dios nos plantea una cuestión muy importante para nuestra vida de fe:  resistirse o abrirse a Dios. En la primera lectura, Esteban pronuncia unas palabras duras: “Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo” Está describiendo una actitud: resistir al Espíritu no significa rechazar a Dios de manera explícita. Es algo más sutil: cerrarse, endurecerse, no dejarse tocar por la gracia. Por eso el texto habla de “corazón y oídos incircuncisos” Es decir, una vida que escucha, pero no acoge; que oye, pero no se deja transformar.

Y, sin embargo, frente a esa dureza, Esteban, mientras es rechazado, mientras es apedreado, él hace algo impresionante: fija la mirada en el cielo, entrega su espíritu perdonando a sus enemigos: “Señor Jesús, recibe mi espíritu… no les tengas en cuenta este pecado.” Esteban muere como ha vivido Jesús: confiando y perdonando. Y así lo expresa el salmo: “A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu” Así se reconoce que, más allá de todo, la vida está en manos de Dios.

Y el Evangelio nos lleva al fundamento de todo esto. La gente pide signos. Quiere pruebas. Quiere seguridades: “¿Qué signo haces?”

Jesús responde desplazando la pregunta: no se trata de ver más, sino de reconocer quién está delante. Y entonces hace esta declaración: “Yo soy el pan de vida” No dice: “yo doy pan” Dice: “yo soy” Jesús viene a ofrecerse Él mismo como aquello que sostiene la vida. “El que viene a mí no tendrá hambre… no tendrá sed jamás”

Queridos hermanos, hoy la Palabra nos deja ante una elección muy concreta: Resistir, cerrarnos, endurecernos… o dejar que Dios entre en nuestra vida. También nosotros, como el gentío, pedimos signos. También nosotros, como Esteban, estamos llamados a confiar. Pidamos hoy una gracia sencilla y profunda: un corazón que no se cierre, una fe que confíe, una vida que se apoye en Él.

Y que, poco a poco, podamos decir —no solo con palabras, sino con la vida—: “Señor, danos siempre de ese pan” Amén.