LECTIO DIVINA
V Domingo de Cuaresma (Ciclo A)
“Yo soy la resurrección y la vida”
1. LECTIO – ¿Qué dice la Palabra?
La liturgia de hoy nos sitúa ante el gran drama humano de la muerte y, al mismo tiempo, ante la gran promesa de Dios: la vida más fuerte que la muerte.
En la primera lectura, el profeta Ezequiel transmite una palabra de esperanza para un pueblo que se siente acabado:
«Abriré vuestros sepulcros… os infundiré mi espíritu y viviréis.»
Dios se presenta como quien entra en las tumbas de la historia humana y devuelve la vida por su Espíritu.
El salmo responde desde la espera confiada:
«Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra.»
La esperanza se apoya en la misericordia y en la fidelidad del Señor, que trae una redención copiosa.
San Pablo, en la carta a los Romanos, revela la raíz interior de esta esperanza:
«El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros.»
La vida nueva ya ha comenzado en el creyente, porque el Espíritu de Dios habita en él.
En el Evangelio, Jesús llega a Betania y encuentra a Marta y María llorando la muerte de Lázaro. Allí pronuncia una de las palabras más grandes de toda la Escritura:
«Yo soy la resurrección y la vida.»
No ofrece solo un consuelo. Se ofrece a sí mismo como vida definitiva.
Y después llama a Lázaro:
«Ven afuera.»
La Palabra de hoy nos habla de un Dios que no abandona al hombre en el sepulcro.
2. MEDITATIO – ¿Qué me dice la Palabra a mí?
Este Evangelio no habla solo de la muerte física. También habla de esas “tumbas” en las que tantas veces vivimos encerrados:
- la desesperanza,
- la culpa,
- el resentimiento,
- la tristeza prolongada,
- la rutina espiritual,
- las relaciones rotas,
- la sensación de que ya nada puede cambiar.
Todos conocemos alguna forma de sepulcro interior.
Todos tenemos alguna piedra pesada en la entrada de alguna herida.
Por eso la pregunta que Jesús hace a Marta se vuelve hoy personal para mí:
«¿Crees esto?»
¿Creo que Cristo puede entrar en mi oscuridad?
¿Creo que su palabra puede tocar lo que considero perdido?
¿Creo que su Espíritu sigue actuando dentro de mí?
A veces, como Marta y María, también nosotros decimos:
«Señor, si hubieras estado aquí…»
Es la fe herida por el dolor.
Es la oración de quien no entiende los tiempos de Dios.
Pero Jesús no da una explicación teórica. Da una revelación:
Él es la resurrección y la vida.
La Cuaresma me lleva justamente a este punto:
a dejar de definir mi historia por la tumba y empezar a dejarla definir por la voz de Cristo.
3. ORATIO – ¿Qué le digo yo al Señor?
Señor Jesús,
también yo tengo zonas de muerte en mi vida,
lugares donde el ánimo se apaga,
donde el miedo pesa,
donde la esperanza parece débil.
Tú conoces mis tumbas interiores,
mis piedras pesadas,
mis luchas,
mis heridas,
mis duelos.
Hoy quiero escuchar tu palabra:
«Yo soy la resurrección y la vida.»
Entra en mis sepulcros.
Llama por mi nombre.
Haz rodar las piedras que me encierran.
Dame la fe para creer
que tu Espíritu sigue actuando en mí.
Señor,
si a veces he vivido resignado,
despiértame.
Si me he instalado en la tristeza,
levántame.
Si he dejado de esperar,
devuélveme tu promesa.
Amén.
4. CONTEMPLATIO – ¿Qué me hace gustar y vivir?
Contemplo a Jesús llegando a Betania.
Lo veo conmovido, llorando ante la tumba del amigo.
No es un Dios lejano.
Es un Dios que entra en el dolor humano con lágrimas.
Después escucho su voz:
«Quitad la piedra.»
Y más tarde:
«Lázaro, ven afuera.»
Permanezco un momento en silencio con esa palabra.
La dejo resonar dentro de mí.
Cristo no llama en abstracto.
Llama por mi nombre.
Su voz entra donde nadie más puede entrar.
Contemplo también al Lázaro que sale, todavía envuelto en vendas.
La vida nueva ha comenzado, pero todavía necesita ser liberada.
Y entiendo que el camino de la conversión también es eso: dejar que el Señor me desate poco a poco.
5. ACTIO – ¿A qué me compromete esta Palabra?
Hoy puedo dar un paso concreto:
- nombrar ante Dios una “tumba” interior que necesito entregarle;
- quitar una piedra concreta: una dureza, una excusa, un miedo;
- repetir durante el día:
«Señor, tú eres la resurrección y la vida.» - ofrecer esperanza a alguien que esté viviendo un momento de oscuridad.
La vida nueva comienza cuando dejo que Cristo entre donde yo ya no esperaba nada.
Oración final
Señor Jesús,
tú eres la resurrección y la vida.
No permitas que me quede encerrado
en mis sepulcros interiores.
Llama de nuevo por mi nombre.
Hazme salir.
Y que tu Espíritu, que da vida,
me conduzca hacia la Pascua
con un corazón renovado por la esperanza.
Amén.
