MI PAZ OS DOY

Homilía — martes de la V Semana de Pascua. “Mi paz os doy”

Queridos hermanos:

La Palabra de Dios de este martes de Pascua nos habla de una paz que nace en medio de la dificultad. Es la paz de Cristo resucitado, la paz que Él promete en el Evangelio: “La paz os dejo, mi paz os doy”.

En la primera lectura vemos a Pablo viviendo una situación durísima. Lo apedrean, lo arrastran fuera de la ciudad y lo dejan creyendo que estaba muerto. Sin embargo, Pablo se levanta y sigue anunciando el Evangelio. No vuelve atrás. No abandona la misión. Continúa visitando comunidades, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe.

Hay algo muy grande en este testimonio: Pablo habla de perseverancia desde las heridas. Anima desde una vida entregada. Su cuerpo lleva las señales del rechazo, pero su corazón lleva la fuerza del Resucitado.

También nosotros necesitamos escuchar esta llamada: perseverar en la fe. Perseverar cuando la oración parece seca, cuando la vida pesa, cuando la enfermedad llega, cuando los frutos tardan, cuando seguir a Cristo exige paciencia. La fe pascual nos da una fuerza nueva para atravesarlas con esperanza.

Al final del viaje, Pablo y Bernabé reúnen a la comunidad y cuentan “lo que Dios había hecho por medio de ellos”. Qué importante es saber contar las obras de Dios. A veces hablamos mucho de lo que falta, de lo que cuesta, de lo que va mal. La Palabra nos invita hoy a reconocer también lo que Dios hace: en una persona que vuelve a la fe, en una reconciliación, en una comunidad que se mantiene unida, en un enfermo que recibe consuelo, en un gesto humilde de servicio, en una puerta que se abre donde parecía todo cerrado.

El salmo nos ayuda a alabar al Señor: “Que tus fieles proclamen la gloria de tu reinado”. La comunidad cristiana vive para proclamar las maravillas de Dios. Nuestra boca, nuestras obras, nuestra manera de vivir deberían hablar de su bondad. Cada cristiano puede convertirse en testigo de que Dios sostiene, levanta y acompaña.

Y en el Evangelio, Jesús, antes de su pasión, dice a los discípulos: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo”. La paz del mundo suele depender de que todo esté controlado, ordenado, asegurado. La paz de Jesús es más profunda: nace de sabernos amados por el Padre, sostenidos por el Espíritu, acompañados por Cristo incluso en la cruz.

Por eso añade: “Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde”. Jesús conoce nuestros miedos. Sabe que el corazón se turba con facilidad. Sabe que a veces nos acobardamos ante una dificultad, una enfermedad, una responsabilidad, un conflicto, una decisión. Y hoy nos ofrece su paz como un don.

Que esta Eucaristía sea para nosotros lugar de consuelo y fortaleza. Aquí Cristo nos da su paz, nos levanta de nuestras caídas y nos envía de nuevo a la vida con un corazón más confiado.

Amén.