La Palabra del jueves nos muestra cómo, después del fuego del Carmelo, llega la lluvia que fecunda la tierra. Elías persevera en la oración y sabe reconocer en una pequeña nube el comienzo de la gracia de Dios. El Evangelio nos recuerda que esa fecundidad ha de llegar también al corazón, allí donde nacen la cólera, la palabra hiriente y la ruptura con el hermano. Jesús nos invita a vivir una justicia más honda, hecha de reconciliación y paz. San Bernabé, hijo de la consolación, nos enseña a ser presencia que anima, acoge y abre caminos de fraternidad.
Pregunta para la oración: ¿Qué relación o actitud necesita hoy la lluvia de Dios para ser reconciliada y fecundada por su gracia?
Oración
Señor,
derrama tu lluvia sobre la tierra seca de mi corazón.
Enséñame a perseverar en la oración,
a reconocer los signos pequeños de tu gracia
y a vivir reconciliado con mis hermanos.
Por intercesión de san Bernabé,
haz de mí una persona de consuelo,
de paz y de fraternidad sincera.
Amén.
