San Pablo recuerda a los tesalonicenses que su predicación estuvo acompañada por una vida entregada: «Trabajamos día y noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros». El Evangelio completa esta enseñanza cuando Jesús pide verdad y coherencia interior. La fe adquiere credibilidad cuando lo que profesamos encuentra expresión concreta en nuestra manera de vivir y de servir.
Esta Palabra encuentra hoy una realización admirable en santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, una santa española del siglo XIX que comprendió el Evangelio desde una realidad muy concreta: la situación de tantos ancianos pobres y abandonados. Fundó las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y dedicó su vida a ofrecerles un hogar y unos cuidados llenos de dignidad.
Su santidad tuvo mucho de cotidiano. Cuidar a un anciano significa entrar en el mundo de las pequeñas necesidades repetidas cada día. Alimentar, asear, acompañar, escuchar, atender una enfermedad, permanecer cerca cuando las fuerzas disminuyen. Allí descubrió Teresa Jornet un lugar privilegiado para servir a Cristo.
Y esto nos permite comprender mejor las palabras de san Pablo. «Trabajamos día y noche». La fe cristiana posee también esta dimensión silenciosa del trabajo realizado por amor. Hay servicios que apenas se ven y que pueden parecer pequeños, pero sostienen la vida de otras personas.
Santa Teresa Jornet comprendió además algo especialmente actual. La dignidad de una persona permanece intacta cuando disminuyen sus fuerzas. El anciano continúa teniendo una historia, una sensibilidad, una necesidad profunda de sentirse querido y reconocido. Una sociedad revela mucho de sí misma por la manera en que trata a quienes ya no pueden producir ni valerse plenamente por sí mismos.
Jesús nos pide hoy verdad interior. Santa Teresa nos muestra una forma concreta de vivirla: hacer que el amor que profesamos se convierta en servicio. Entonces desaparece la distancia entre la fe de nuestros labios y la fe de nuestras manos.
Quizá podamos mirar hoy a las personas mayores que Dios ha puesto cerca de nosotros. Algunas necesitan cuidados; otras necesitan simplemente tiempo, una conversación o sentir que siguen formando parte de nuestra vida.
Santa Teresa de Jesús Jornet encontró a Cristo precisamente ahí. Que ella nos ayude a vivir una fe verdadera y concreta, donde nuestras palabras encuentren siempre correspondencia en nuestra manera de cuidar y servir.
Miércoles de la XXI semana del T.O.
San Pablo recuerda a los tesalonicenses que su predicación estuvo acompañada por una vida entregada: «Trabajamos día y noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros». El Evangelio completa esta enseñanza cuando Jesús pide verdad y coherencia interior. La fe adquiere credibilidad cuando lo que profesamos encuentra expresión concreta en nuestra manera de vivir y de servir.
Esta Palabra encuentra hoy una realización admirable en santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, una santa española del siglo XIX que comprendió el Evangelio desde una realidad muy concreta: la situación de tantos ancianos pobres y abandonados. Fundó las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y dedicó su vida a ofrecerles un hogar y unos cuidados llenos de dignidad.
Su santidad tuvo mucho de cotidiano. Cuidar a un anciano significa entrar en el mundo de las pequeñas necesidades repetidas cada día. Alimentar, asear, acompañar, escuchar, atender una enfermedad, permanecer cerca cuando las fuerzas disminuyen. Allí descubrió Teresa Jornet un lugar privilegiado para servir a Cristo.
Y esto nos permite comprender mejor las palabras de san Pablo. «Trabajamos día y noche». La fe cristiana posee también esta dimensión silenciosa del trabajo realizado por amor. Hay servicios que apenas se ven y que pueden parecer pequeños, pero sostienen la vida de otras personas.
Santa Teresa Jornet comprendió además algo especialmente actual. La dignidad de una persona permanece intacta cuando disminuyen sus fuerzas. El anciano continúa teniendo una historia, una sensibilidad, una necesidad profunda de sentirse querido y reconocido. Una sociedad revela mucho de sí misma por la manera en que trata a quienes ya no pueden producir ni valerse plenamente por sí mismos.
Jesús nos pide hoy verdad interior. Santa Teresa nos muestra una forma concreta de vivirla: hacer que el amor que profesamos se convierta en servicio. Entonces desaparece la distancia entre la fe de nuestros labios y la fe de nuestras manos.
Quizá podamos mirar hoy a las personas mayores que Dios ha puesto cerca de nosotros. Algunas necesitan cuidados; otras necesitan simplemente tiempo, una conversación o sentir que siguen formando parte de nuestra vida.
Santa Teresa de Jesús Jornet encontró a Cristo precisamente ahí. Que ella nos ayude a vivir una fe verdadera y concreta, donde nuestras palabras encuentren siempre correspondencia en nuestra manera de cuidar y servir.
