Jueves de la XXI semana del TO. Santa Mónica

 Jesús   hoy nos dice: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor».

Esta llamada de Jesús adquiere hoy un significado especial al celebrar la memoria de santa Mónica.

Conocemos su historia principalmente a través de su hijo, san Agustín. Mónica fue una mujer que tuvo que aprender a esperar. Vio cómo aquel hijo, al que amaba profundamente, recorría caminos muy alejados de la fe cristiana. Agustín buscaba la verdad, mientras su vida tomaba direcciones que causaban un profundo sufrimiento a su madre.

Mónica hizo entonces algo que puede enseñarnos mucho: Rezó por él durante años. Lo acompañó con amor y mantuvo viva la esperanza de que Dios estaba actuando también cuandqo ella todavía no podía ver los frutos.

Su oración expresa muy bien el «estad preparados» del Evangelio. Velar significa mantener el corazón orientado hacia Dios mientras esperamos. Hay cosas que deseamos profundamente y que necesitan tiempo. Quisiéramos respuestas rápidas, cambios inmediatos, soluciones claras. La vida nos enseña que algunos procesos solamente pueden ser acompañados con paciencia.

Santa Mónica conoció esa paciencia. Su esperanza estaba puesta en la gracia de Dios. San Agustín terminaría encontrándose con Cristo, sería bautizado por san Ambrosio en Milán y llegaría a convertirse en uno de los grandes santos y maestros de la Iglesia. Mónica pudo contemplar finalmente aquello por lo que había rezado durante tantos años.

Pero hay un aspecto todavía más profundo. Mónica deseaba la conversión de su hijo y, durante aquella larga espera, Dios fue santificando también el corazón de la madre. La oración perseverante transforma igualmente a quien ora. Nos enseña a confiar, a respetar los tiempos del otro y a poner en manos de Dios aquello que nosotros no podemos resolver.

Quizá todos llevamos algún nombre dentro del corazón. Una persona por la que rezamos, alguien que se ha alejado de Dios, una situación familiar que nos preocupa o una realidad cuyo cambio llevamos mucho tiempo esperando.

Santa Mónica nos enseña qué hacer con esos nombres: ponerlos cada día delante de Dios y seguir amando.

San Pablo nos ha recordado hoy: «Fiel es Dios». Ahí encontró Mónica la fuerza para esperar.

Pidamos hoy por intercesión de santa Mónica la gracia de una oración perseverante y de una esperanza paciente, especialmente por aquellas personas que llevamos desde hace tiempo en el corazón.