La Palabra del martes nos enseña a llevar nuestras preocupaciones ante Dios, como hizo Ezequías al extender en el templo la carta que sembraba miedo. La oración permite mirar la amenaza desde la grandeza del Señor y recuperar la esperanza. Jesús nos invita después a tratar a los demás como deseamos ser tratados y a escoger el camino que conduce a la vida. La confianza en Dios necesita traducirse en decisiones concretas y en una relación más respetuosa con los demás. La fe madura cuando transforma la angustia en oración y la oración en una forma nueva de vivir.
Pregunta para la oración:
¿Qué preocupación necesito presentar hoy ante el Señor para poder caminar con más confianza por el camino del Evangelio?
Oración final
Señor,
recibe mis temores y preocupaciones.
Enséñame a ponerlos ante ti
y a confiar en tu presencia.
Dame sabiduría para escoger el camino de la vida
y un corazón capaz de tratar a los demás
con la misma bondad que deseo recibir.
Que mi oración transforme mis decisiones
y haga más evangélica mi manera de vivir.
Amén.
