La Palabra del lunes nos invita a volver al Señor con sinceridad y a purificar nuestra manera de mirar a los demás. La caída de Israel muestra cómo el corazón se debilita cuando deja de escuchar y olvida la gracia recibida. Jesús nos pide comenzar la conversión por nosotros mismos, reconociendo la viga que puede oscurecer nuestra mirada. Quien se sabe necesitado de misericordia aprende a corregir con humildad y a acompañar con mayor comprensión. La conversión personal abre el camino hacia relaciones más verdaderas.
Pregunta para la oración: ¿Qué necesito reconocer y dejar sanar en mí para mirar a los demás con más misericordia?
Oración final
Señor,
purifica mi mirada
y enséñame a reconocer con humildad mis faltas.
Líbrame del juicio apresurado
y dame un corazón capaz de comprender.
Que tu misericordia sane mi vida
y me ayude a tratar a cada hermano
con verdad, respeto y compasión.
Amén.
