ESFUÉRZATE

Homilía. Jueves de la IX semana del Tiempo Ordinario.

Queridos hermanos:

La Palabra de Dios nos va llevando estos días por un camino interior muy hermoso. Ayer san Pablo nos decía: “Reaviva el don de Dios que hay en ti”, y nos dejaba una confesión que sostiene toda vida creyente: “Yo sé de quién me he fiado.” Hoy esa misma confianza se convierte en memoria viva: “Haz memoria de Jesucristo resucitado de entre los muertos.”

San Pablo escribe desde la prisión: “La Palabra de Dios no está encadenada.” Esta frase tiene una fuerza especial. La Palabra sigue abriéndose camino, tiene una fecundidad que supera nuestras condiciones exteriores.

Por eso Pablo añade: “Esfuérzate por presentarte ante Dios.” La vida cristiana pide una respuesta seria, humilde y perseverante. Presentarse ante Dios significa vivir con verdad delante de Él, cuidar la fe recibida, dejar que el Evangelio ordene la conciencia y las decisiones. Quien sabe de quién se ha fiado aprende también a vivir de manera digna de esa confianza.

El salmo expresa la oración del discípulo: “Señor, enséñame tus caminos.” Esta súplica recoge muy bien el deseo de quien quiere vivir según Dios. Necesitamos que el Señor nos enseñe a caminar, porque muchas veces conocemos la dirección general, pero nos falta sabiduría para los pasos concretos. Sus caminos, dice el salmo, son misericordia y lealtad. Dios educa el corazón con paciencia y nos conduce hacia una vida más verdadera.

Y el Evangelio nos muestra hacia dónde llevan esos caminos: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todo tu ser. Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Este es el camino de Dios. La memoria de Cristo resucitado florece en amor. La Palabra libre de Dios busca formar en nosotros un corazón capaz de amar. El esfuerzo de presentarnos ante Dios alcanza su verdad cuando nuestra vida se ordena desde este mandamiento.

El escriba comprende que este amor vale más que todos los sacrificios. Jesús le dice entonces: “No estás lejos del Reino de Dios.” El Reino se acerca cuando el corazón empieza a vivir desde el amor a Dios y al hermano. Ahí se verifica nuestra fe. Ahí se reaviva el don. Ahí se reconoce de verdad a Aquel en quien hemos puesto nuestra confianza.

Pidamos hoy al Señor que nos enseñe sus caminos. Que su Palabra permanezca viva en nosotros. Que hagamos memoria de Cristo resucitado en medio de nuestras tareas, de nuestras luchas y de nuestras relaciones. Y que toda nuestra vida se vaya convirtiendo, con humildad y constancia, en amor. Amén.