La solemnidad de la Santísima Trinidad nos introduce en el misterio de un Dios que no es soledad, sino comunión de amor. En Cristo, Redentor del mundo, descubrimos que la vida íntima de Dios se abre a nosotros como gracia, misericordia y salvación. El Padre ama al mundo, el Hijo se entrega por él y el Espíritu nos introduce en esa comunión divina. Creer en la Trinidad no es resolver una idea difícil, sino dejarnos habitar por el Dios que nos ama, nos salva y nos une. Por eso, cada señal de la cruz nos recuerda que nuestra vida pertenece al Amor que es origen, entrega y comunión.
Pregunta para la oración:
¿Vivo mi fe desde la confianza en este Dios que es comunión de amor, o todavía me relaciono con Él desde el miedo, la distancia o la costumbre?
Oración
Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo,
misterio eterno de amor y comunión,
haznos entrar en tu vida divina.
Que el amor del Padre sane nuestra orfandad,
la gracia de Cristo redima nuestras heridas,
y la comunión del Espíritu venza nuestras divisiones.
Enséñanos a vivir como hijos amados,
hermanos reconciliados
y testigos de tu misericordia en el mundo.
A ti, Trinidad Santa,
gloria y alabanza por los siglos.
Amén.
