La liturgia de este día nos llama a recuperar un corazón sobrio, despierto y disponible para la oración. San Pedro nos recuerda que cada gracia recibida debe convertirse en servicio, porque el amor cristiano se mantiene vivo cuando se entrega. El Evangelio nos sitúa ante Jesús purificando el templo y nos invita a preguntarnos si nuestra vida es realmente casa de oración o si se ha llenado de intereses, ruidos y resentimientos. La fe auténtica se expresa en confianza en Dios, en perdón sincero y en amor mutuo sostenido. Al terminar el mes de mayo, María nos acompaña como templo vivo de la Palabra y nos enseña a vivir con un corazón limpio, orante, fraterno y alegre.
Pregunta para la oración: ¿Qué necesita purificar hoy el Señor en mi corazón para que mi vida sea de verdad casa de oración y lugar de perdón?
Oración: Señor Jesús, purifica nuestro corazón de todo lo que ocupa el lugar de Dios. Enséñanos a vivir con sobriedad, a orar con fe, a servir con los dones recibidos y a perdonar de corazón. Santa María, templo vivo de la Palabra, acompáñanos al terminar este mes de mayo y ayúdanos a vivir como casa abierta a la gracia, al amor fraterno y a la alegría del Reino. Amén.
