Hoy se nos invita a mirar a Cristo que sube decidido a Jerusalén, entregando su vida por amor y rescatándonos con su sangre preciosa. San Pedro nos recuerda que nuestra dignidad nace de ese precio inmenso: hemos sido amados hasta el extremo y llamados a vivir como nacidos de nuevo. El Evangelio desenmascara nuestras ambiciones, comparaciones y deseos de ocupar los primeros puestos, para conducirnos al camino humilde del servicio. La verdadera grandeza cristiana está en amar, servir y entregar la vida sin buscar honores. Al terminar mayo, María nos acompaña como Madre y esclava del Señor, enseñándonos a servir con fe, sencillez y alegría.
Pregunta para la oración: ¿En qué situaciones concretas estoy buscando reconocimiento, cuando el Señor me está llamando a servir con humildad?
Oración:
Señor Jesús, Cordero sin defecto, gracias por rescatarnos con tu sangre y hacernos nacer de nuevo por tu Palabra. Purifica nuestro corazón de toda ambición y enséñanos a servir como Tú, con amor humilde y generoso. Santa María, Madre y esclava del Señor, acompáñanos al terminar este mes de mayo y ayúdanos a glorificar a Dios con una vida sencilla, fiel y entregada. Amén.
