PENTECOSTÉS. Misa del día

Pentecostés nos recuerda que la vida cristiana no nace solo del esfuerzo humano, sino de la presencia viva del Espíritu Santo en el corazón. La Secuencia nos enseña a reconocer nuestra pobreza interior: la oscuridad que necesita luz, la aridez que necesita agua, la frialdad que necesita fuego. Allí donde el hombre se siente vacío, Dios quiere venir a habitar. El Espíritu no viene a sustituir nuestra vida, sino a transformarla desde dentro. Por eso Pentecostés es la fiesta de una nueva creación: Dios vuelve a soplar sobre nosotros para hacernos vivir de su amor.

Pregunta para la oración:
¿Qué zona de mi corazón necesita hoy que el Espíritu Santo ilumine, sane, caliente o renueve?

Oración

Ven, Espíritu Santo,
luz de mi corazón y dulce huésped de mi alma.
Entra en mis oscuridades, sana mis heridas,
riega mi sequedad y enciende de nuevo mi fe.
Doblega en mí lo que se ha vuelto rígido,
calienta lo que se ha enfriado
y conduce mis pasos hacia Cristo.
Haz de mi vida una morada tuya
y de mi corazón un lugar donde Dios pueda habitar.

Amén.