HOMILÍA – Domingo 9 de noviembre (Misa mayor con niños)
Solemnidad de la Dedicación de la Basílica de Letrán – Día de la Iglesia diocesana – Entrega del Evangelio a los niños “Tú también puedes ser santo. Jesús te llama y su Palabra te acompaña”
Queridos hermanos, queridas familias, catequistas, niños:
Hoy la Iglesia nos invita a mirar tres cosas esenciales para nuestra vida cristiana:
un edificio, una comunidad, y una llamada.
Un edificio: la Basílica de San Juan de Letrán, que celebramos hoy como la “madre de todas las iglesias” del mundo. Es la Catedral del Papa, signo de comunión y unidad entre todas las comunidades cristianas dispersas por el mundo. Su dedicación nos recuerda que la Iglesia es más que un templo: es el Pueblo de Dios unido en la fe, en la esperanza y en el amor.
Una comunidad: nuestra Iglesia diocesana, esta porción concreta del Pueblo de Dios que camina unida bajo la guía de su obispo. Hoy celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, con el lema precioso: “Tú también puedes ser santo”. Porque cada uno de nosotros, desde el más pequeño al más anciano, ha sido llamado por Dios a vivir con intensidad su fe y a dejarse transformar por el Evangelio.
Y una llamada: la que hoy reciben los niños de primer año de catequesis que van a recibir, con emoción, el Evangelio, la Palabra viva de Dios. Con este gesto, la Iglesia les dice: Jesús quiere ser tu amigo, tu maestro, tu compañero en el camino de la fe.
Las lecturas de esta solemnidad nos hablan de agua, de templo, de vida.
El profeta Ezequiel ve un manantial que brota del templo y que da vida a todo lo que encuentra. Ese río es la gracia de Dios, que nace de Cristo y corre por toda la Iglesia.
Y san Pablo nos recuerda algo aún más sorprendente: “Vosotros sois el templo de Dios, y el Espíritu habita en vosotros.” No es sólo que tengamos iglesias bonitas, como Letrán o esta parroquia; es que cada persona, cada niño, cada anciano, cada familia es una casa de Dios cuando acoge su Palabra y vive en su amor.
Jesús, en el Evangelio de san Juan, entra en el templo y lo purifica. Quiere que la casa de su Padre sea lugar de encuentro, de vida, de verdad. Y después, añade una frase clave: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré.” No hablaba del edificio, sino de su propio cuerpo, que sería destruido en la cruz y resucitado en gloria. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. Tú y yo, nosotros, somos piedras vivas de ese cuerpo.
Querida comunidad: hoy es también el Día de la Iglesia Diocesana. Y el lema que nos proponen este año es una llamada directa al corazón: “Tú también puedes ser santo.”
Y sí, tú puedes ser santo si vives con fe, esperanza y amor. Tú puedes ser santo si trabajas con honestidad, si perdonas con humildad, si rezas con confianza, si ayudas con generosidad. Tú puedes ser santo si escuchas el Evangelio, si vienes a misa con alegría, si haces del amor el centro de tu vida.
La santidad no es para unos pocos especiales. La santidad es vivir lo ordinario con un corazón lleno de Dios. Y esto lo estamos enseñando hoy también a los niños. Ellos comienzan hoy un camino que los llevará, dentro de unos años, a recibir la Primera Comunión y posteriormente la confirmación, Pero ese camino empieza con un regalo: el Evangelio. Este librito que hoy les entregaremos es mucho más que un símbolo. Es una llamada. En él está contenida la vida de Jesús. Lo que dijo, lo que hizo, lo que soñó, lo que nos dejó. El Evangelio es la lámpara que guía nuestros pasos. Es el agua viva que riega nuestro corazón.
Queridos padres y madres: El día del bautismo de vuestros hijos prometisteis educarlos en la fe. Hoy, al recibir este Evangelio, ese compromiso se hace más concreto.
No se trata solo de traerlos a catequesis. Se trata de rezar en casa, hablar de Dios, bendecir los alimentos, enseñarles a confiar, a perdonar, a agradecer.
Y a vosotros, catequistas, gracias por ser sembradores de la Palabra. Gracias por mostrar a estos niños que Dios los ama y cuenta con ellos.
Y a toda la comunidad parroquial: que hoy sintamos esta misa como un abrazo eclesial. Somos piedras vivas del templo de Dios. Somos Iglesia en comunión con el Papa León XIV, con nuestro Obispo José Ignacio y con todos los hermanos.
Hoy recordamos con alegría que nuestra Iglesia tiene raíces: Letrán, Roma, la cátedra de Pedro. Pero también tiene frutos: estos niños que hoy comienzan, nuestras familias que siguen creyendo, nuestra parroquia que camina y sirve.
En el momento del ofertorio, vamos a presentar el pan y el vino… Pero también vamos a ofrecer el corazón de estos niños, la fe de sus familias, el compromiso de toda la comunidad. Y vamos a pedir que, al igual que el agua del templo daba vida a todo… la Palabra que hoy entregamos a los niños dé vida a nuestra parroquia.
Conclusión orante
Señor Jesús,
Tú eres el verdadero templo de Dios,
la fuente de agua viva,
el Evangelio hecho carne.
Te damos gracias por esta comunidad parroquial,
por estos niños que hoy reciben tu Palabra,
por esta Iglesia diocesana que nos recuerda
que la santidad es una llamada para todos.
Danos un corazón como el tuyo:
valiente para amar, sencillo para creer,
dispuesto para perdonar y generoso para servir.
Y tú, Virgen María, Madre de la Iglesia,
enséñanos a escuchar,
a guardar la Palabra en el corazón,
y a vivir como templos vivos de tu Hijo.
Amén.
