TENEMOS UNA MADRE

La liturgia de hoy nos recuerda que María no aparece en la vida de la Iglesia como un adorno devocional, sino como Madre recibida al pie de la cruz. En ella contemplamos a la mujer que no se esconde ante Dios, que permanece cuando todo duele y que acompaña a los discípulos en el paso de la Pascua al tiempo ordinario. María nos enseña que la fe verdadera no consiste en evitar la cruz, sino en permanecer junto a Cristo y dejar que Él nos entregue una nueva familia. Por eso, comenzar el tiempo ordinario con María es aprender a vivir cada día con fidelidad, esperanza y ternura eclesial. En la Iglesia, nadie camina huérfano: Cristo nos ha dado una Madre.

Pregunta para la oración:

Cuando Dios me pregunta hoy “¿Dónde estás?”, ¿me escondo por miedo o me dejo encontrar de la mano de María?

Oración:
Santa María, Madre de la Iglesia, acompáñanos en el camino cotidiano de la fe. Enséñanos a permanecer junto a Cristo en la cruz, a vivir sin miedo ante Dios y a acoger a los demás como hermanos. Haz de nuestra vida un hogar donde Jesús siga naciendo y donde la Iglesia sea siempre casa de misericordia, esperanza y amor. Amén.