Homilía – miércoles de la 26ª Semana del Tiempo Ordinario (Año impar) Memoria de Santa Teresa del Niño Jesús – 1 de octubre
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy la Iglesia celebra con gozo la memoria de una de sus hijas más pequeñas y más grandes: Santa Teresa del Niño Jesús, la santa de la confianza, la doctora de la infancia espiritual, la carmelita escondida cuyo testimonio ha transformado corazones por generaciones.
Al mismo tiempo, la liturgia de este día nos propone un evangelio exigente (Lc 9,57-62) y una primera lectura llena de esperanza activa (Ne 2,1-8), que contrastan, pero también se armonizan profundamente con la vida y doctrina de Teresa de Lisieux.
En el libro de Nehemías encontramos a un hombre que, desde su cómoda posición en la corte persa, siente el dolor de su pueblo y la ruina de Jerusalén. Pide al rey permiso para volver y reconstruir la ciudad de sus padres. Lo mueve la fe, la nostalgia santa y la confianza en que Dios no ha abandonado a su pueblo. Nehemías no se queda en el lamento, sino que pasa a la acción movido por la oración.
El evangelio de Lucas nos presenta a tres posibles seguidores de Jesús. Todos quieren seguirle, pero con condiciones. Y el Señor responde con palabras que no admiten componendas: «El que pone la mano en el arado y mira atrás no es apto para el Reino de Dios». El seguimiento de Cristo exige radicalidad, entrega y libertad interior.
Santa Teresa de Lisieux fue una respuesta silenciosa y perfecta a esta llamada del Evangelio. Con solo 15 años, dejó su casa y entró en el Carmelo. Podría haber puesto mil excusas: su juventud, su salud frágil, el dolor de su padre. Pero como Nehemías, quiso reconstruir, no murallas de piedra, sino los muros de la fe con su oración, su entrega, su pequeñez.
En un tiempo espiritualmente duro y marcado por un Dios presentado como juez implacable, Teresita descubrió el rostro evangélico de Dios: Padre tierno, compasivo, misericordioso. En sus escritos habla de una relación filial, libre, confiada. Su «infancia espiritual» es una verdadera doctrina teológica vivida desde la experiencia. Por eso la Iglesia, con sabiduría, la declaró Doctora.
Queridos amigos: la pregunta hoy es directa: ¿Somos cristianos que seguimos a Jesús sin mirar atrás? ¿O vivimos la fe como una rutina, con excusas, retrasos, tibiezas?
Santa Teresa nos recuerda que la santidad no es cuestión de grandes obras, sino de amor. Ella decía: «Soy un alma minúscula que solo puede ofrecer pequeñeces al Señor». Pero esas pequeñeces, ofrecidas con amor, construyen el Reino.
Hoy, como Nehemías, estamos llamados a reconstruir nuestra Jerusalén: la familia, la parroquia, la Iglesia. Y como Teresa, a hacerlo con humildad, alegría y oración constante.
Al altar traemos hoy nuestra pobreza, nuestras pequeñeces, nuestras limitaciones. Teresa nos ha enseñado que eso basta, si hay amor.
Presentamos también nuestro deseo de seguir a Cristo sin mirar atrás, de servir sin excusas, de confiar sin condiciones. Como el pan y el vino, que, siendo tan simples, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, así nuestras vidas, si son ofrecidas con amor, pueden ser transformadas por el Espíritu.
Conclusión orante
Santa Teresa del Niño Jesús, intercede por nosotros. Enséñanos el camino de la confianza, de la pequeñez, de la entrega total.
Ayúdanos a vivir sin mirar atrás, a poner la mano en el arado del Evangelio con alegría, a amar a Dios en lo escondido, a reconstruir la Iglesia con la ternura del amor.
Tú, que fuiste tan pequeña y tan grande, guíanos hasta el corazón del Padre.
Amén.
