SAN ISIDRO

La Palabra de Dios nos presenta la paciencia como una virtud profundamente creyente: esperar como el labrador, confiando en que Dios trabaja en lo  escondido. Esa paciencia nace y se fortalece en la oración, donde el corazón aprende a descansar en los tiempos de Dios. San Isidro nos enseña que el trabajo cotidiano, vivido con fe, puede convertirse en ofrenda y camino de santidad. Sólo permaneciendo unidos a Cristo, como los sarmientos a la vid, nuestra vida puede dar fruto abundante y verdadero.

Para orar:
¿Estoy aprendiendo a esperar con paciencia, orar con confianza y permanecer unido a Cristo para que Él haga fecunda mi vida?

Oración final

Señor Jesús,
vid verdadera y fuente de todo fruto,
enséñanos a permanecer unidos a Ti
en la oración, en el trabajo
y en las esperas de cada día.

Danos la paciencia del labrador,
que siembra con esperanza
y confía en el fruto escondido
que Tú haces crecer.

Por intercesión de San Isidro Labrador,
haz de nuestra vida cotidiana
una tierra fecunda para tu gracia.

Que sepamos pedir con fe,
confiar con corazón de hijos
y dar frutos de amor, paz, servicio
y santidad.

Amén.