MIRAR A CRISTO CON LOS OJOS DE MARÍA

Lectio Divina – martes de la 27ª Semana del Tiempo Ordinario, Año Impar

Memoria de Nuestra Señora la Virgen del Rosario – 7 de octubre de 2025
(Jon 3, 1–10; Sal 129; Lc 10, 38–42)


1. Lectio – Escucha de la Palabra

Primera lectura (Jon 3, 1–10):

“Se levantó Jonás y fue a Nínive, según la orden del Señor… Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron de saco, desde el mayor hasta el menor.”

El profeta Jonás, después de su huida y de su conversión interior, obedece la voz del Señor y lleva su palabra a Nínive. La ciudad entera se convierte: el mensaje de Dios toca los corazones, y el pueblo responde con humildad y penitencia. Dios ve su arrepentimiento y perdona. Es una de las páginas más luminosas sobre la misericordia divina en todo el Antiguo Testamento.

Salmo (Sal 129):  “Desde lo hondo a ti grito, Señor; escucha mi voz… En el Señor está la misericordia y la redención copiosa.”

Es el clamor del hombre arrepentido que reconoce su fragilidad y confía plenamente en la misericordia divina. Es el mismo grito del corazón humano que, en toda época, suplica el perdón de Dios y espera su salvación.

Evangelio (Lc 10, 38–42):

“Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha escogido la mejor parte, que no le será quitada.”

Jesús llega a Betania y es recibido por Marta y María. Marta, ocupada en los quehaceres, se afana por servir. María, en cambio, se sienta a los pies del Maestro y escucha su palabra. Jesús no desprecia el servicio, pero recuerda que la escucha amorosa es el corazón de todo discipulado.


2. Meditatio – Medita la Palabra en tu corazón

Las tres lecturas nos ofrecen un itinerario espiritual profundamente unido al sentido del Rosario: conversión, escucha y contemplación.

Jonás y Nínive nos enseñan que la conversión comienza por el corazón que se abre a la voz de Dios. El profeta, antes de predicar, tuvo que aprender a obedecer. Y la ciudad entera, poderosa y pecadora, se transforma porque escucha y se humilla. También nosotros, en un mundo que tantas veces olvida a Dios, estamos llamados a renovar el corazón, a volver al Señor con sencillez y confianza.

El Salmo 129 expresa la oración del alma que reconoce su pecado, pero confía en el amor que perdona. Desde lo hondo de nuestras limitaciones, también nosotros podemos gritar: “En el Señor está la misericordia y la redención copiosa.”

En el Evangelio, Jesús nos invita a imitar a María de Betania, que “ha escogido la mejor parte”. La mejor parte no es la inactividad, sino la presencia amorosa junto al Señor. Escuchar la Palabra precede al servicio. Solo quien ha bebido en la fuente puede servir con alegría.

Así es también el Rosario: una oración de contemplación activa, un modo sencillo de dejar que la Palabra de Dios nos transforme. En cada misterio, el creyente aprende a mirar a Cristo con los ojos de su Madre, y en el silencio repetido de las Avemarías, el alma se serena y se llena de paz.


3. Oratio – Responde al Señor con tu oración

Señor Jesús,
Tú que llamaste a Jonás a anunciar la conversión,
haz que también nosotros escuchemos tu voz con docilidad.
Tómanos de la mano, como a los ninivitas,
y enséñanos a cambiar lo que debe cambiar en nuestra vida.

Madre del Rosario,
enséñanos a guardar la Palabra en el corazón,
como María de Betania,
que supo detenerse ante el Maestro y escuchar su voz.
Líbranos del activismo vacío,
del ruido que ahoga el alma,
y regálanos la serenidad de quien vive en presencia de Dios.

Desde lo hondo de nuestro ser te decimos, Señor:
“En ti está la misericordia, en ti está la redención.”
Escucha nuestra oración,
transforma nuestros corazones,
y haz que el rezo del Rosario sea para nosotros
fuente de paz, de fe y de esperanza.
Amén.


4. Contemplatio – Deja que la Palabra habite en ti

Contempla en silencio la imagen de María con el Rosario en sus manos.
Mira cómo su corazón está en paz, centrado en Dios.
Cada Avemaría es un latido de amor; cada misterio, un paso hacia Cristo.

Deja que esta oración penetre en tu interior como un susurro de fe.
Repite suavemente en tu corazón:

“María ha escogido la mejor parte…”
y pregunta al Señor:
“¿Cuál es la parte que yo debo escoger hoy?”

Tal vez Él te responderá en el silencio,
en la calma, en el trabajo, o en la cruz.
Pero siempre te dirá lo mismo:
“Ven, siéntate a mis pies… escúchame.”


5. Actio – Pon la Palabra en práctica

  • Reza hoy el Rosario con calma, dejando que cada misterio sea una conversación con María y con Jesús.
  • Vive este día buscando un equilibrio entre la acción y la oración: sirve con amor, pero desde un corazón en paz.
  • Examina tu vida: ¿qué “Nínive” interior necesita convertirse? ¿Qué agitación de Marta te impide escuchar al Señor?
  • Agradece al final del día los dones recibidos y ofrece tu jornada como una corona de Avemarías vividas.

Oración final

Santa María,
Virgen del Rosario,
guía nuestro corazón hacia tu Hijo.
Haznos fuertes en la fe,
constantes en la oración,
alegres en el servicio.
Que cada cuenta del Rosario
sea una semilla de amor y esperanza
sembrada en el campo del mundo.
Amén.