EN BUSCA DEL ASNA PERDIDA

Lectio Divina – Sábado de la I Semana del Tiempo Ordinario (Año Par)

1. LECTIO – ¿Qué dice la Palabra?

La Palabra de este día nos presenta dos escenas sencillas y profundamente reveladoras.

En la primera lectura, Saúl camina ocupado en una tarea ordinaria: buscar unas asnas perdidas. No busca a Dios, y sin embargo Dios ya lo está buscando. El Señor guía sus pasos, prepara el encuentro con Samuel y pronuncia sobre él una palabra de elección. Dios actúa en lo cotidiano, en lo que parece pequeño, sin ruido ni espectacularidad.

En el Evangelio, Jesús pasa, mira a Leví y lo llama: “Sígueme”. La llamada es breve, directa y personal. Leví se levanta, deja lo que estaba haciendo y comienza un camino nuevo. Después, Jesús se sienta a la mesa con publicanos y pecadores y revela el corazón de su misión: ha venido a llamar a los necesitados de salvación.

La Palabra nos muestra un Dios que llama en lo ordinario, elige antes de ser comprendido y se acerca con misericordia.


2. MEDITATIO – ¿Qué me dice el Señor?

Esta Palabra nos invita a mirar nuestra propia vida.

¿En qué caminos ordinarios me encuentro hoy? ¿Qué tareas repetidas, sencillas o silenciosas llenan mis días?

Dios también actúa ahí. No espera momentos extraordinarios para llamarnos. Nuestra fidelidad cotidiana puede convertirse en lugar de unción, de elección y de envío.

El encuentro de Jesús con Leví interpela nuestra disponibilidad interior. Jesús sigue pasando por nuestra historia, también hoy. Nos mira con amor y pronuncia una palabra que invita a levantarnos por dentro. La pregunta es si permanecemos sentados en seguridades, rutinas o miedos, o si dejamos que su mirada nos ponga en pie de nuevo.

La mesa compartida con pecadores recuerda que nuestra vocación nace de la misericordia recibida. Somos llamadas y llamados no por nuestros méritos, sino por la compasión de Dios. Esta conciencia sana el corazón y nos libra de la dureza, del juicio y de la autosuficiencia.


3. ORATIO – ¿Qué le digo al Señor?

Señor,
gracias porque sigues obrando en mi vida
incluso cuando yo no lo percibo.

Gracias porque me buscas en lo ordinario,
en lo pequeño,
en la fidelidad silenciosa de cada día.

Enséñame a reconocer tu paso por mi historia,
a escuchar tu voz cuando me llamas
y a levantarme interiormente para seguirte.

Te entrego mis cansancios,
mis rutinas,
mis resistencias,
y también mis deseos de fidelidad.

Hazme vivir desde la gratitud
de quien sabe que todo es don
y que la vocación se renueva cada día
bajo tu mirada de misericordia.


4. CONTEMPLATIO – ¿Qué obra el Señor en mí?

Permanece en silencio ante el Señor.

Déjate mirar por Cristo que pasa,
que pronuncia tu nombre,
que te invita a seguirle de nuevo.

Contempla su rostro cercano,
su presencia sencilla,
su misericordia que no exige,
sino que levanta.

Descansa en la certeza
de que Dios guía tu camino
incluso cuando no lo comprendes del todo.


5. ACTIO – ¿A qué me invita la Palabra hoy?

  • Vivir la jornada con mayor atención a la presencia de Dios en lo cotidiano.
  • Renovar interiormente el “sí” a la llamada recibida, sin acomodarme.
  • Cultivar un corazón humilde y agradecido, consciente de la misericordia recibida.
  • Mirar a los demás con la misma compasión con la que Cristo me mira.

Que esta Palabra nos acompañe durante el día y nos ayude a caminar con confianza, sabiendo que Dios sigue pasando, llamando y sosteniendo nuestra vida.