ASÍ

Homilía. Jueves de la XI semana del Tiempo Ordinario.

Queridos hermanos:

La Palabra de Dios continúa hoy el itinerario espiritual de estos días. Hoy la liturgia recoge ambos caminos y los lleva a una síntesis: la memoria agradecida de los testigos y la oración filial que Jesús enseña a sus discípulos.

La primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, hace memoria de Elías y de Eliseo. Elías aparece como un profeta encendido por el celo de Dios, capaz de llamar al pueblo a la fidelidad. Eliseo recibe su espíritu y prolonga su misión. La Escritura contempla así una herencia que pasa de una generación a otra. La fe permanece viva cuando encuentra corazones disponibles para acogerla y transmitirla.

El salmo proclama: «Alegraos, justos, con el Señor». La alegría creyente nace al reconocer la acción de Dios en la historia. El Señor ha actuado en Elías, en Eliseo y en tantos testigos. Sigue actuando hoy en quienes se ponen a su disposición. La memoria de sus obras fortalece la esperanza.

En Evangelio Jesús dice: «Vosotros orad así», y entrega a sus discípulos el Padrenuestro. Esta oración resume toda la existencia cristiana. Comienza poniendo la mirada en el Padre y en su Reino. Después abre el corazón a las necesidades concretas: el pan de cada día, el perdón, la fortaleza ante la prueba.

Decir «Padre nuestro» significa reconocernos hijos y hermanos. La oración cristiana ensancha el corazón. Nos sitúa dentro de una familia y nos enseña a pedir pensando también en los demás. El pan es nuestro, el perdón es compartido, la liberación del mal alcanza a toda la comunidad.

Jesús destaca especialmente el perdón. Quien se sabe perdonado aprende a perdonar. El corazón que reza el Padrenuestro se deja transformar por la misericordia del Padre. La oración llega así a las relaciones concretas y convierte la fe en reconciliación.

Las lecturas de hoy se unen en una misma llamada. Elías y Eliseo nos muestran una fe transmitida con fidelidad. Jesús nos entrega la oración que sostiene esa fe y la hace crecer en nosotros. La herencia espiritual se conserva cuando encuentra personas que rezan, confían y viven como hijos de Dios.

Pidamos hoy la gracia de recibir con gratitud el testimonio de quienes nos precedieron. Que el Padrenuestro modele nuestro corazón y nos enseñe a vivir buscando el Reino, compartiendo el pan y ofreciendo el perdón.

Amén.