La Palabra del lunes nos muestra cómo un deseo desordenado puede terminar dañando la dignidad del hermano. Ajab convierte la viña de Nabot en una obsesión y deja que la ambición oscurezca su conciencia. Jesús nos propone otro camino: responder al mal con una libertad interior que preserve la dignidad y rompa la cadena de la violencia. La mansedumbre evangélica nace de un corazón fuerte, gobernado por la verdad y abierto a la paz. Seguir a Cristo exige revisar nuestros deseos y la manera en que reaccionamos ante la frustración.
Pregunta para la oración: ¿Qué deseo, enfado o frustración necesito poner hoy ante el Señor para que no termine dañando a los demás?
Oración
Señor Jesús,
purifica mis deseos y ordena mi corazón.
Dame libertad ante lo que no puedo poseer
y fortaleza para responder al mal con el bien.
Enséñame a respetar la dignidad de cada persona
y a vivir con una mansedumbre firme,
capaz de proteger la verdad
y abrir caminos de paz.
Amén.
