JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE

La liturgia de esta solemnidad nos introduce en el misterio de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, que ofrece su vida al Padre por la salvación del mundo. En Abrahán contemplamos la obediencia confiada, capaz de entregar lo más amado, y en Cristo vemos esa obediencia llevada a su plenitud. El salmo pone en nuestros labios la actitud fundamental de toda vida cristiana: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. En Getsemaní, Jesús nos enseña que la oración no elimina siempre la tristeza, pero la transforma en entrega. Celebrar este día es pedir que nuestra vida, unida a la Eucaristía, se convierta también en ofrenda, intercesión y bendición para los demás.

Pregunta para la oración: ¿Qué parte de mi vida necesito poner hoy en manos del Padre para decir con Cristo: “Hágase tu voluntad”?

Oración:

Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, enséñanos a vivir unidos a tu entrega. Haz que sepamos ofrecer al Padre nuestras alegrías, cansancios, cruces y esperanzas. Danos un corazón obediente, vigilante y orante, capaz de buscar siempre la voluntad de Dios. Que nuestra vida, sostenida por tu amor y alimentada por la Eucaristía, sea bendición para muchos. Amén.