Homilía – martes de la 32ª Semana del T.O. (San Martín de Tours)
Hoy la liturgia no se anda con rodeos. La Palabra de Dios nos pone delante una pregunta que corta como cuchillo: ¿Estás haciendo lo que tienes que hacer?
No se trata de teorizar. No es una homilía para pensar… sino para decidir.
Porque el Evangelio, es un camino de vida. Y en este momento de tu vida, con tus años, tu historia, tu trabajo, tus relaciones, tu fe… la pregunta resuena clara:
¿Estás haciendo lo que Dios espera de ti? ¿O estás esperando que “algo” cambie para empezar a hacerlo?
Jesús no da discursos. Dice: “Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: somos siervos inútiles” No se trata de sentirse menos. Se trata de ubicarte: ¿Para qué estoy aquí?
Y este Evangelio nos desinstala. Porque hoy nos sobra discurso y nos falta vida.
Demasiadas excusas: – “Es que estoy cansado”… – “Es que nadie lo valora”… “Es que no me sale bien”… – “Es que no es mi responsabilidad”… Basta.
¿Tienes una fe viva? Entonces muéstrala.
¿Crees en el Evangelio? Entonces que se note.
¿Conoces a alguien que necesita una mano, una palabra, un gesto? Pues da el paso.
Haz lo que tienes que hacer. Aunque no salga perfecto. Aunque no te lo agradezcan. Aunque nadie lo vea.
San Martín de Tours fue valiente y coherente. Cuando partió su capa con aquel mendigo, no fue un gesto piadoso, fue una decisión real, concreta, incómoda incluso. Le dio lo que tenía. Luego dejó el ejército, abrazó la vida monástica y más tarde aceptó ser obispo. No porque le apetecía, sino porque era lo que Dios le pedía. No era héroe, era creyente. Y eso, en su época y en la nuestra, vale más que mil discursos.
¿Dónde estamos tú y yo en este Evangelio? A veces esperando que los demás cambien.
O soñando con grandes cosas, pero dejando pasar las pequeñas. O quejándonos de que el mundo va mal, pero sin preguntarnos: ¿y yo, ¿qué hago con mi vida?
La fe no necesita más excusas. Necesita hombres y mujeres que actúen desde dentro, que respondan con libertad a la llamada diaria de Dios. Y eso, en lo concreto:
– Cuidar de tus padres enfermos sin perder la ternura. – Ser honesto en tu trabajo sin mirar si otros lo hacen. – Escuchar con paciencia al que ya no puede darte nada.
– Servir en tu comunidad sin buscar que te aplaudan. Y así un lago etc que convendría pensar
Es el Evangelio, sí. Pero vivido en el supermercado, en casa, en la oficina, en la parroquia, en el WhatsApp, en la calle. Y esto no es activismo. Es responsabilidad bautismal.
Hoy, cuando pongamos el pan y el vino en el altar, no vengas con las manos vacías.
No te quedes mirando. Pon también lo que tú puedes hacer:
– ese compromiso que has ido aplazando, – esa reconciliación que estás evitando, – esa entrega que sabes que te corresponde. Pónselo al Señor.
Oración conclusiva
Señor Jesús,
enséñanos a dejar de dar vueltas a lo que no hicimos,
y danos fuerza para hacer lo que hoy nos toca.
No queremos vivir una fe de palabras,
sino una fe que pasa a la acción,
que cambia ambientes,
que responde al mal con bien.
Que no busquemos ser aplaudidos,
sino ser fieles a Ti.
Que no esperemos que otros lo hagan,
sino que nos levantemos con decisión.
Como San Martín,
haznos valientes, generosos, disponibles.
Haznos discípulos reales
que no se guardan nada.
Y cuando llegue nuestra hora,
que podamos decirte con verdad:
«Señor, hemos hecho lo que teníamos que hacer.»
Amén.
