AUMÉNTANOS LA FE

Homilía – Lunes de la 32ª Semana del Tiempo Ordinario Memoria de san León Magno, papa y doctor de la Iglesia. Sab 1,1-7; Sal 138; Lc 17,1-6

La liturgia de este lunes nos invita a reflexionar sobre dos grandes realidades que atraviesan nuestra vida cristiana: la sabiduría que viene de Dios y la fe humilde y activa que sostiene la vida de la Iglesia. En el contexto de la memoria litúrgica de san León Magno, pastor sabio, maestro firme y servidor de la unidad en tiempos turbulentos, la Palabra de Dios resuena con claridad: necesitamos una fe más luminosa, una sabiduría más sincera, una comunidad más vigilante ante el mal y más valiente en el bien.

La sabiduría bíblica es un modo de vivir alineado con la voluntad de Dios. Por eso se nos pide hoy: “Amad la justicia”, “pensad correctamente”, es decir, pensad como piensa Dios. ¿Y cómo piensa Dios? Como lo hizo Cristo: con misericordia, con mirada compasiva, con verdad. Esta sabiduría solo la encuentran “los que la buscan con corazón entero”.

El salmista nos recuerda que Dios nos conoce por dentro, nos acompaña en cada paso. No podemos esconderle nada, ni es necesario hacerlo.

El Evangelio de hoy nos coloca en un contexto muy concreto: Jesús ha hablado con dureza sobre el escándalo, sobre la gravedad de ser tropiezo para los pequeños. El escándalo es todo aquello que aleja, que hiere, que rompe la confianza en Dios. No se trata solo de escándalos visibles –que lamentablemente hemos conocido en nuestra historia– sino de actitudes cotidianas que siembran desencanto:  incoherencia, desinterés tibieza en la fe, hipocresía. Escandaliza una Iglesia que no reza, que no escucha, que no ama. No es casualidad que justo en ese momento los discípulos le digan: “Auméntanos la fe.”

¿Por qué? Porque han entendido que la vida cristiana no es fácil, que seguir a Jesús implica y exige vivir con coherencia, amar con gratuidad y cuidar del hermano más frágil.

Y entonces Jesús responde con una imagen desarmante: una fe tan pequeña como una semilla puede obrar maravillas. ¿Qué está diciendo? Que confiemos. En medio de un mundo desconfiado, los creyentes estamos llamados a ser signos de confianza, a vivir desde la sabiduría de Dios,

Y volvemos a esa sabiduría profunda, que no depende de estudios ni títulos, sino del Espíritu Santo. Todos conocemos personas humildes, sin formación académica, pero llenas de esa luz que brota de una fe sincera. Son ellas quienes nos muestran el rostro de Dios. Esa sabiduría nos hace más humanos, más prudentes, más compasivos. Y esa es la sabiduría que también necesitamos en nuestra Iglesia: pastores sabios, laicos valientes, comunidades vivas.

San León Magno fue un hombre de gran fe y sabiduría. En un siglo marcado por las herejías y las invasiones, supo mantener la unidad doctrinal de la Iglesia, defendiendo con claridad el misterio de Cristo: verdadero Dios y verdadero hombre. Fue él quien afirmó con valentía ante los errores cristológicos de su tiempo: “Lo que fue visible en nuestro Salvador ha pasado a sus sacramentos.”

Vivió su pontificado convencido de que la fe auténtica se abraza con decisión y se nutre con la Palabra y los sacramentos. Por eso, cada vez que celebramos la Eucaristía, participamos del misterio que él enseñó con tanta fuerza: Cristo, el único Señor, presente en su Iglesia, en su Palabra y en su Pueblo.

Hoy, también nosotros vivimos tiempos difíciles. A nuestro alrededor hay escándalos, tropiezos, divisiones… Y no sólo fuera de la Iglesia, también dentro. La Palabra de Dios nos invita a ser Iglesia reconciliada, que no se escandaliza de los pecados del otro, sino que responde con el perdón que brota de una fe profunda.
Jesús lo dice con fuerza: “Si tu hermano te ofende siete veces y siete veces vuelve a ti diciendo ‘me arrepiento’, perdónalo.”

¿Hasta qué punto estamos dispuestos a caminar con paciencia con los demás?

Cuando dentro de unos momentos llevemos al altar el pan y el vino, pongamos también nuestras intenciones más sinceras: – La necesidad de una fe más viva y confiada, como el grano de mostaza. – El deseo de perdonar y ser perdonados, para caminar en comunión. – El anhelo de ser, como san León, creyentes valientes, sabios y generosos en el servicio. – Y la oración por la Iglesia, para que sea siempre fiel a su Señor, aún en medio de la tormenta.

Conclusión orante

Señor Jesús,
Tú que sondeas nuestros corazones
y conoces nuestras sendas,
haznos sabios con tu sabiduría,
amigos de la verdad y de la justicia.

Aumenta nuestra fe,
cuando el cansancio nos vence,
cuando las dudas nos asaltan,
cuando sentimos que somos pocos y frágiles.

Haznos templos vivos de tu Espíritu,
hogares abiertos para los pequeños,
manos tendidas para el que sufre.

Por intercesión de san León Magno,
guía de la Iglesia y pastor fiel,
haznos constructores de unidad,
testigos humildes de esperanza
y sembradores de la paz que viene de Ti.

María, Madre de la Sabiduría,
enséñanos a creer como tú,
con fe sencilla y corazón entero.

Amén.