Lectio Divina – Viernes de la XXVI semana del Tiempo Ordinario (año impar)
Textos: Bar 1, 15-22; Sal 78; Lc 10, 13-16
1. Lectio – ¿Qué dice la Palabra?
- El profeta Baruc pone en boca del pueblo una confesión valiente: «Hemos pecado contra el Señor». Reconocer el pecado sin excusas es la puerta a la misericordia.
- Jesús, en el Evangelio, dirige un lamento a Corazín, Betsaida y Cafarnaúm: ciudades que habían visto milagros y escuchado su predicación, pero no se convirtieron.
- La Palabra hoy nos sitúa entre dos actitudes: el reconocimiento humilde de la culpa y la indiferencia que rechaza la gracia.
2. Meditatio – ¿Qué me dice la Palabra?
- ¿Soy capaz de reconocer con humildad mis pecados, o me excuso continuamente?
- ¿Me reconozco en esas ciudades del Evangelio, que recibieron tanto de Dios y, sin embargo, permanecieron indiferentes?
- ¿Vivo la fe como una costumbre superficial o como una conversión real y cotidiana?
- ¿Qué lugar ocupa la llamada a la conversión en mi vida personal, familiar y comunitaria?
3. Oratio – ¿Qué le digo al Señor?
Señor Jesús,
Tú que lloraste por las ciudades que no te acogieron,
no permitas que yo cierre mi corazón a tu gracia.
Hazme humilde para reconocer mi pecado,
hazme valiente para convertirme de verdad,
hazme dócil para vivir según tu Evangelio.
Quiero que mi vida entera sea un “sí” a tu amor.
4. Contemplatio – ¿Qué me lleva a contemplar esta Palabra?
Hoy contemplo a Jesús con los ojos entristecidos, dolido por la indiferencia de sus hijos. Esa mirada, lejos de condenar, invita a la conversión. Me dejo mirar por Él, me dejo amar por Él, me dejo transformar por Él.
5. Actio – ¿Qué me pide la Palabra para vivir hoy?
- Hacer un acto concreto de humildad: reconocer mi fragilidad ante alguien o pedir perdón por un error.
- Rezar por las personas que viven alejadas de la fe, para que su corazón se abra a la gracia.
- Ofrecer mi jornada como camino de conversión, unida al sacrificio de Cristo en la cruz.
